La cabina de teléfonos, por Ana Monescillo
Una mujer mira el reloj nerviosa. Es la última de una gran cola de personas que desemboca en una cabina de teléfonos. Todas esperan su turno inquietamente. Dentro de la cabina hay un hombre hablando y mirando al frente, como describiendo lo que hay al otro lado del cristal. Pero al otro lado del cristal solo hay una carretera por la que pasan montones de coches a toda velocidad. El hombre del teléfono sigue hablando emocionado. Vuelve a mirar hacia la carretera y dibuja con su dedo sobre el cristal unas espirales. Los coches se amontonan por que el semáforo está en rojo. De repente cambia a verde y los coches arrancan dejando ver que, en medio de la carretera, en una pequeña brecha, están creciendo unas pequeñas flores amarillas.
Zoom sobre el auricular del teléfono. Salimos por otro auricular, Lo sostiene una mujer. Vemos sus ojos brillantes, emocionados. Se abre plano. Es una pintora que está ejerciendo su arte en medio de un cuarto pintoresco. En una mano tiene el auricular y en la otra un pincel que se posa sobre un cuadro con unas flores amarillas.